A menudo nos encontramos con niños con cierto enlentecimiento en el desarrollo de su lenguaje oral y poca comprensión ante distintas situaciones comunicativas.

Su balbuceo se prolonga por un buen tiempo y su lenguaje es ininteligible. Se nota cerca de los 3 años, cuando tendrían que comenzar a decir frases más extensas.

Por lo general son los padres y los docentes quienes se dan cuenta de que algo no anda bien.

Debido a que presentan buena interacción, deseo por el juego y se muestran cariñosos, sus competencias no son preocupantes. Pero si el habla no aparece es necesario consultar.

Hay que dejar de pensar: "YA VA HABLAR", como reaccionan muchos profesionales e incluso algunos miembros de la familia.

Alrededor de los 12 a 18 meses de vida es necesario considerar la presencia de diferentes signos de alarma. Señales que pueden ser indicativas de la existencia de alguna dificultad en la comunicación y el lenguaje como:

  • Niños que demuestran interés por la comunicación, por la voz humana, pero no tienen intención comunicativa o es muy escasa.
  • Aparecen las primeras palabras pero luego se pierden.
  • Si entre los 18 y 24 meses no presenta lenguaje verbal o habla muy poco.
  • Priorización de gestos para comunicarse más allá de los 2-3 años, que no se justifica por una disminución auditiva.
  • Un niño que a los 2 años no ha comenzado a elaborar frases de 2 palabras.
  • Repiten sílabas en el inicio o en el medio de la palabra. Esta señal se suele acompañar del aumento de tono facial y en ocasiones evitan la mirada al hablar.
  • Niños que a los 3 años presentan un proceso de simplificación que compromete la inteligibilidad del discurso.

Los docentes debemos observar en detalle estos signos, de modo acompañar al niño y elaborar adaptaciones curriculares adecuadas a sus Necesidades Específicas.

El objetivo es trabajar de manera conjunta con las familias, con el fin de complementar lo observado por ellas.

Así podremos realizar una derivación oportuna que lleve a la obtención de buenos resultados a partir de la compensación de las áreas afectadas, siempre en conjunto con los técnicos tratantes.